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viernes, 4 de febrero de 2011

Incremento de la oferta de espacio vial o reducción de la demanda de espacio?

Por Otto Lührs, más aporte de Carlos A. Gonzáles G.




Hay noticias o anuncios amenazantes que ante la alta probabilidad de que se hagan realidad, dada la irreflexiva dinámica de búsqueda y realización de "soluciones viales" que misteriosa –o sospechosamente- ilumina el accionar de nuestros cabecillas sociales, públicos o privados, de verdad me asustan.



Entre estas amenazas, está en Valdivia la ampliación a 4 pistas del puente Valdivia (hacia la isla Teja), o incluso, en vez de ello, un túnel por debajo del río Valdivia desde el Obelisco a la Av. Los Robles. Y el fin de semana último, en un el Mercurio de Santiago, vi publicado un mega plan de infraestructura vial para Viña del Mar y alrededores, nuevamente con la inspirada dirección del Sr. Osvaldo Urrutia de la SECPLA de esa ciudad.



La tesis en la que afirmo mi postura crítica hacia estas políticas viales, en la lógica "a mayor demanda de espacio vial mayor oferta" es la convicción de que el parque automotriz tiene un comportamiento análogo al de los gases (además de apestoso), es decir, se acomoda al recipiente (calles, avenidas) que lo contiene; crece el recipiente entonces crece el parque automotriz, ya que actúa la "La Tragedia de los Comunes" de Garret Hardin (ver http://www.eumed.net/cursecon/textos/hardin-tragedia.htm); eso sí, con una altísima capacidad de compresión y cobrando un elevado costo a la calidad de vida de TODOS los ciudadanos, no sólo para los que transportándose en vehículos motorizados particulares colapsan las vías y justifican supuestamente el que se amplíen. La ampliación genera una sensación de mejoría, pero esta es temporal y transitoria, pues el aumento de espacio vial es uno de los estímulos más eficientes para que más personas compren y usen auto y al tiempo, nuevamente el espacio se hace estrecho, y pareciera que nada hubiera cambiado. Puede durar la mejora 5, 10 años, más o menos, da igual, el asunto es que equivale a aplazar un problema, no solucionarlo, es como barrer y guardar la mugre debajo de la alfombra o cerrar una herida profunda sin haber desinfectado.



Llevaba un tiempo tratando de sentarme a ordenar estas ideas y colocarlas por escrito, cuando por la red SUSTRANLAC me llega un claro artículo “El círculo de la inmovilidad urbana”, de Carlos A. González G. sobre el tema. Se refiere a la planificación del transporte desde la oferta y sus consecuencias. Cierra con algunas preguntas que invitan a un debate.



Sugiero, tomando los mismos conceptos, en posicionar una planificación del transporte desde la disminución de la demanda como punto de partida a la búsqueda de soluciones.



Espero motivar a algún lector a pensar Valdivia o la ciudad en la cual c/u vive de manera distinta a la mirada convencional.



Lo pueden leer a continuación.



El círculo de la inmovilidad urbana


Por: Carlos A. González




“Dado que el problema de la movilidad urbana radica en que cada vez hay más carros pero se construyen menos vías, la solución es tan sencilla como equilibrar la balanza, apurando la construcción de más infraestructura viaria”. Esta afirmación, aunque suene lógica, está muy lejos de ser cierta.



Lo primero que hay que decir es que si el problema fuera tan fácil de resolver ya estaría resuelto desde hace muchos años. No es un secreto que, hace ya casi medio siglo, ciudades como Los Ángeles (CA), Dallas (TX) y Detroit (MI) entre otras, optando por seguir tal lógica, construyeron grandes sistemas de autopistas. Como tampoco es un secreto que, en la actualidad, dichas ciudades no solo siguen padeciendo una gran congestión de tráfico, y múltiples externalidades negativas asociadas, sino que la situación en lugar de mitigarse, parece haber empeorado drásticamente. A pesar de su evidente fracaso, este caduco enfoque de la planificación del transporte ampliamente aplicado en ciudades norteamericanas durante los años 70, sigue enquistado en nuestro imaginario colectivo, y lo que es peor, sigue siendo la luz que guía la toma de decisiones de gran parte de los políticos locales, solo con contadas excepciones.





Desde el rigor técnico de la disciplina del transporte, la idea de resolver los problemas de movilidad sólo a partir de ofrecer más infraestructura vial al vehículo privado, es conocido como ‘planificación del transporte desde la oferta’. Es decir, un trillado ejercicio que evolucionó a partir de la regla de tres, en el cual lo que se calcula es cuántas nuevas vías o carriles deben ser construidos para que el tráfico vuelva a fluir de manera normal. En lo que no reparamos los ciudadanos del común, es que se trata de la ‘crónica de una muerte anunciada’, pues la evolucionada regla de tres también determina cuándo dicha ampliación quedará completamente colapsada, y así, unos años después, todo vuelve a empezar. De esta manera, seguiremos dando vueltas en este pernicioso círculo de inmovilidad urbana.





El pequeño detalle, insignificante para algunos, es que el espacio para vías en la ciudad no es infinito, de hecho es un recurso escaso. Así, una vez hayamos utilizado todo el espacio disponible descubriremos, sin ninguna sorpresa, que el parque automotor ha seguido creciendo a un ritmo aún mayor, tanto por la expectativa de que se contará con más vías, como por el gran impulso que le da al sector automovilístico el crecimiento económico. En tal escenario, resulta evidente que los efectos de la congestión ya no son iguales sino aún peores; que la velocidad media en automóvil, como ocurre en el centro de New York, es similar a la que, 100 años atrás, tenían los carruajes de caballos; que las atestadas autopistas de dos pisos, como en Ciudad de México, son un monumento al despilfarro; y que los peligrosos niveles de contaminación, como ocurre en Santiago de Chile, nos impedirán salir a la calle unos cuantos días al año. ¿Futurismo sin fundamento? No, simplemente, la escueta descripción de una triste realidad.





Para aquellos a quienes los análisis basados en argumentos urbanísticos y ambientales no les despierta el mismo respeto que los realizados desde el ‘pragmático’ enfoque económico, solo resta recordarles la frustración de los contribuyentes al ver cómo después de grandes inversiones en infraestructura viaria, el problema de la congestión rápidamente reaparece e incluso parece más grave. Así, los propietarios del preciado vehículo privado reclaman a su alcalde soluciones rápidas, y éste, para no perder popularidad entre sus futuros votantes, se apresura a rascar las ya precarias arcas locales con tal de proveer más ‘vías rápidas’. Otro pequeño detalle, insignificante si se quiere: no solo el presupuesto de la ciudad es limitado, sino que el destinado para infraestructura, en el círculo de la inmovilidad, es siempre insuficiente ante la insaciable demanda de inversiones del vehículo privado.



Solo queda entonces echar mano de artilugios como ‘Megaobras por Contribución de Valorización por Beneficio General’ y ‘Autopistas urbanas por concesión con peaje electrónico’, que lo único que harán, salvo contadas excepciones en las que se trata de obras realmente necesarias, será consumir más suelo urbano y aportar más vehículos a la ciudad.





¿Será que en Colombia tenemos que llegar hasta tal punto de caos y despilfarro para darnos cuenta que abordar los problemas de movilidad urbana desde el enfoque de la oferta, no conduce a ninguna parte? Y si tal enfoque no funciona ¿qué alternativas hay? ¿Estamos a tiempo de reorientar el rumbo, y evitar recorrer el largo camino de equivocaciones de ciudades norteamericanas que algunos intentar vendernos como modelos dignos de imitar? Sin duda se trata de una urgente y prometedora discusión que recién empieza.





* *Consultor e Investigador en Movilidad y Urbanismo*.



PhD (c) Estudios Urbanos, Universidad de Cambridge.



www.carlosagonzalez.org



Disponible en:



http://www.dinero.com/opinion/opinion-on-line/circulo-inmovilidad-urbana_83213.aspx









La muni de Viña del Mar movió letrerito de la Ciclovía Salinas-Reñaca… y qué?


Por Otto Lührs




La instalación del letrero comentada en la ENTRADA anterior (La Maligna Alquimia germina en Viña del Mar), habla de desdén, falta de respeto, desconsideración y/o incompetencia técnica en vialidad urbana. A mí al menos, no me contenta un cambio de ubicación de ese cartel, dado que ante tan graves hechos, lo que corresponde en un contexto de actuar serio y profesional, es:





1º análisis de la génesis del hecho, preguntarse y responder ¿cuáles son los factores existentes en la gestión pública del municipio de Viña que permiten que esos hechos ocurran? ¿por qué surgen evidencias que hablan de protocolos, estándares de intervención de vías urbanas, diferenciados para motorizados, ciclistas y peatones? ¿el problema está en los reglamentos internos? ¿en las personas que los aplican? ¿en sesgos de las visiones de ciudad de quienes gobiernan o tratan de obedecer a los que gobiernan? ¿han visto alguna vez un letrero para ciclistas obstruyendo una vía motorizada? Nunca!!! ¿por qué? ¿o una intervención de calle que la corte al 100% y que no contemple la implementación de una alternativa para los motorizados afectados? ¿Y por qué esto sí es normal para ciclovías y aceras?



Si no se detectan y modifican los factores que operan a favor de estos sinsentidos, estos seguirán ocurriendo, y el activismo ciudadano pro movilidad sostenible se reducirá a señalar amablemente a las autoridades donde están metiendo las patas para que por favor si fuera posible y no mucha la molestia arreglen sus condoros.



¿Atacar el problema implica sólo solucionar sus efectos o identificar la raíz e intervenir desde ahí para que vuelva a suceder?





2º si hipotéticamente ocurriera lo que describo arriba, de analizar causas y corregir de raíz el problema para procurar que no siga sucediendo, corresponde pedir disculpas públicas, por el letrerito, por el tiempo que duró el hoyo con arbolito recién reparado en la acera llegando a Reñaca, por el mal diseño de la ciclovía en los tramos con estacionamientos de autos entre Salinas y Viña, por el cruce asesino que diseñaron con la venia de Osvaldo Urrutia en el paso bajo nivel de Jardín del Mar y un largo etc.





Admito que en mis comentarios hay algo de molestia personal, casi me atrevo a reconocer un dejo de rencor, dado que a los señores Alamiro Arias y Osvaldo Urrutia los conocí como ineptos y con un desprecio solapado hacia el ciclista, sólo doran la píldora pues el tema es moda y políticamente correcto. Pero esta confesión no invalida creo lo que señalo. Reitero lo que ya manifesté, para el municipio de Viña y en especial para estos señores, la cicloinclusión no es más que un maquillaje para su hueca "Viña ciudad bella"





jueves, 30 de diciembre de 2010

La Maligna Alquimia germina en Viña del Mar

Por Otto Lührs


A pasado bastante tiempo desde la última vez que aludí a la Ilustre Municipalidad de Viña del Mar en este blog; pero el letrero de la foto, nueva evidencia que peatones y ciclistas somos para este municipio ciudadanos de 2ª categoría, le otorga méritos para ganarse este comentario.


Para los lectores ciclistas la foto habla, o grita la estupidez por sí sola. Para los lectores no ciclistas, destaco explícitamente que la esquina inferior derecha del cartel PRECAUCIÓN, tiene su borde angulado y metálico a la altura de la cabeza de un ciclista promedio, DENTRO de la ciclovía.


Para intentar al menos, sacar este nuevo insulto al sentido común del anonimato e impunidad, revisé la web http://www.munivina.cl/, y encontré que en los cargos de responsables de estas intervenciones viales, hay tres históricos que ya hace muchos años hacen de las suyas en el feudo de la Tía Coty, alcaldesa de Viña del Mar: Osvaldo Urrutia Soto, Secretario Comunal de Planificación; Patricio Moya Márquez, Director de la Dirección de Operaciones y Servicios y Alamiro Arias Lazo, Director del Departamento de Tránsito y Transporte Público. Este último, tiene entre sus funciones, según se señala en el PDF REGLAMENTO ORGANIZACIÓN INTERNA DEL MUNICIPIO DE VIÑA DEL MAR Y SUS MODIFICACIONES, el “Señalizar adecuadamente las vías públicas”. ¿Qué están entendiendo en la Muni de Viña por “adecuadamente”? La señalética en cuestión, es para motoristas, pero invade el espacio para los ciudadanos no motorizados.


Siento reconfirmar mi impresión: para la Ilustre Municipalidad de Viña del Mar, la infraestructura pro – transporte a tracción humana, no es más que un lindo maquillaje para salvar el light lema “Viña, Ciudad Bella”. Una apuesta real a favor del transporte sustentable, seria, técnica y profesionalmente correcta, al menos en este gobierno comunal, es una posibilidad para la cual ya no tengo esperanza.

lunes, 11 de octubre de 2010

La alquimia maligna

Por Otto Lührs



El pensar e implementar ciudades para la gente, visibiliza una metamorfosis paradigmática, presente, influyente, invasiva, y aún así, invisible.




Las estructuras blandas están endurecidas y las duras se han ablandado.




El tejido cerebral, cortical o profundo, despensa simbólica de ideas, valores, prejuicios, concepciones o convicciones, génesis de nuestras acciones, es extremadamente blando, frágil, aparentemente vulnerable.




Y la infraestructura urbana, aceras, calzadas, soleras, muros o puentes, formada principalmente por cemento, fierro, asfalto, algo de madera o algún sintético, es dura, sólida. Son estructuras indeformables, salvo que participen artes que empleen herramientas y técnicas específicas, personal especializado y no pocos recursos.




Y sin embargo, la búsqueda de relación lógica entre la despensa simbólica de las ideas y la infraestructura urbana, me lleva a concluir que ha ocurrido una extraña inversión de rasgos de blandura y dureza.




Las estructuras en apariencia sólidas, se modifican, rediseñan, demuelen y se reconstruyen con una facilidad y simpleza que supera largamente la modificación de ideas y convicciones.




Ejemplo de esto es lo que sucede cuando las calles se perciben estrechas para el transporte motorizado, pues resulta más fácil ensanchar las calzadas pensadas para ellos, antes que planificar modificaciones a los hábitos de movilidad de los ciudadanos. Más superficie para que los vehículos circulen sigue siendo la opción prioritaria; mientras, buscar que cada habitante consuma menos espacio público en sus traslados, aún es una línea de acción marginal, extraña, distante de las oficinas de políticos, unidades técnicas comunales o regionales.




En tanto, y al contrario de la infraestructura urbana, las estructuras en apariencia blandas, parecen blindadas, protegidas con un campo de fuerza que resiste los argumentos humanitarios y planetarios. Las ideas de quienes con sus acciones -y omisiones- están en posición de influir en la modelación de nuestro hábitat (para el caso, llamado Valdivia), parecieran inmunes al conocimiento objetivo de la contingencia local y global que amenaza la vida: cambio climático, sedentarismo, desestructuración social, ruido, congestión, muertes en accidentes de tránsito, pérdida de ecosistemas originales, pérdida del espacio público para la recreación y el encuentro espontáneo, instalación del miedo como agente regulador de la convivencia vial. Son realidades que al parecer no hacen mella en las dinámicas de toma de decisiones.




¿Causas, explicaciones?




La influencia por debajo de la mesa del mercado automotriz y el de los combustible fósiles, la vinculación entre calidad de vida y moverse menos, el estatus social asociado a un medio de transporte determinado, el sesgo de las esferas de poder que proyectan ciudades según su perspectiva y el juego político de asegurar la popularidad de las autoridades de turno en base a medidas cortoplacistas, entre otros factores, configuran esta situación que he denominado la alquimia maligna.




Y el caldo de cultivo para que estos ingredientes fragüen y acoplen con fuerza, es la apatía e ignorancia ciudadana. Es cierto que Valdivia cuenta con un batallón de vecinos organizados, cultos y activos, en comparación al promedio de las ciudades chilenas, significativo. Pero a la luz de los resultados, es aún insuficiente.




En materia de infraestructura vial, la alquimia maligna en Valdivia tiene un nuevo retoño, ya bautizado por miembros de EnBICIa2, como El Engendro. La Avenida Las Encinas, Isla Teja, paralela a la Av. Los Robles, ha sido recientemente remodelada y pavimentada. Ahora tiene 4 pistas en la calzada, rectas, anchas, y por el lado norte, sobre la acera, está El Engendro, una faja angulada y estrecha, destinada al tránsito de bicicletas, que no es más que la idiotez materializada, o un intento de burla y menoscabo para ciclistas y peatones, o un ejemplo más de ignorancia e invisibilización de sus necesidades y derechos, o el reconocimiento de que quienes se movilizan en motores son jerárquicamente superiores para los responsables de la construcción de esa vía.




O la ignorancia e insensibilidad también vive en mí y por eso no alcanzo la comprensión y menos aún la aceptación del fenómeno.




O bien todas las anteriores.




En este escenario, el proyecto “Red de Ciclovías para Valdivia”, que hasta ahora sólo vive en textos y planos en oficinas públicas y de la consultora APIA XXI IAC S.A., se vuelve más una amenaza de Megaengendro, que una obra de adelanto y mejora de la calidad de vida valdiviana.




El batallón de vecinos organizados, cultos y activos, deberá crecer, cohesionarse, organizarse, conocerse.




De lo contrario, la alquimia maligna continuará produciendo engendros de beneficio para pocos y perjuicio para muchos, presentes y futuros, humanos y no humanos.




jueves, 30 de septiembre de 2010

Los verdaderos criminales tras los atropellos


Por Otto Lührs



Este escrito nace en respuesta al atropello fatal de una ciclista en Río Bueno y con participación de un camión, hace unos meses. El hecho despertó peticiones hacia las autoridades respectivas de proteger el derecho que tenemos los ciclistas de usar las vías de manera segura, para lo cual se demanda la condena del camionero involucrado.


Hoy en los noticieros nos encontramos con el atropello, creo en Santiago, de una abuela (muerta) y su nieto (al borde de). Los familiares entrevistados piden que “se haga justicia” en relación al taxista, la prensa destaca que al conductor ni siquiera le retuvieron la licencia.


(postdata, abril 2010, escolar atropellada y muerta por cruzar calle oyendo música con audífonos)


En ambos casos, al menos en mi conocimiento de los hechos, no hay datos que permitan defender una solicitud de condena para los conductores de los vehículos. ¿estaban bajo la influencia de alcohol o sicotrópicos? ¿exceso de velocidad? ¿hablaban por celular sin manos libres y se distrajo? no sé, no he sabido de algún indicio de responsabilidad penal.


Y casos así hay por miles. Ya es hora de realizar miradas transversales, globales, análisis de contextos más que de cada caso aislado, pues yo no respaldo la impunidad. Ni creo que la muerte de esta persona sea algo accidental atribuible a la mala suerte (tan sólo la mala suerte de habitar Chile en el inicio del s.XXI)


Yo sostengo que si hay culpabilidad criminal, pero esta radica en otras personas, otras esferas. La de los choferes puede existir o no. Es circunstancial. La que ahora señalo siempre está presente, y aunque pasa desapercibida, ahí está. Me refiero a la esfera decisional, técnicos, autoridades políticas, legisladores, urbanistas. Por ahí debemos pesquisar en busca de culpables.


Pues es un acto de responsabilidad criminal el tirar en la misma vía, a que convivan personas de velocidad y peso tan increíblemente distintos. O no resguardar la integridad peatonal en los cruces.


¿A quién se le ocurre que ciclistas y vehículos rápido/pesados deben compartir las vías? si el pobre tipo del camión ni se enteró de su atropello hasta que le avisaron testigos presentes!!!


¿Podemos sentirnos criminales de pisar una cucaracha sin querer? Y no lo digo peyorativamente, si yo mismo soy cucaracha día a día.


Y sin embargo, la ley 18290 es clara:


Vehículo: Medio con el cual, sobre el cual o por el cual toda persona u objeto puede ser transportado por una vía


Conductor: Toda persona que dirige, maniobra o está a cargo del manejo directo de cualquier vehículo, de un animal de silla, de tiro o de arreo de animales;


Calzada: Parte de una vía destinada al uso de vehículos y animales;


Ciclistas, taxistas, camioneros somos conductores de vehículos, y en la calzada podemos y muchas veces debemos convivir, unos a 20 km/hr y otros hasta 120 km/hr; y a los lados de estas vías hay unas ISLAS viales llamadas aceras, y sus usuarios, los peatones, están obligados a adaptarse a este sistema extremando precauciones al pasar de una isla a otra o simplemente no saliendo de su isla.


Y mientras, técnicos o urbanistas de seguro piensan que lo hacen bien pues diseñan vías "legales" que restringen libertades o fomentan y justifican los atropellos ¿acaso aún alguien cree que legal / correcto / justo son sinónimos? ¿y que la conciencia puede estar tranquila si es que se actúa diseñando el viario urbano dentro de lo legal, de la “norma” aplicada deshumanizadamente?


Aceptar que el crimen es de los choferes, conseguir una condena, lograría quizás que ESOS choferes no vuelvan a atropellar, o al menos sean más consiente. Y el resto?


Ojo, los actos ocurren en sistemas que los sostienen, promueven, a veces justifican. Las reglas y diseños viales están configuradas de tal forma que un crimen como el de Río Bueno se diluye entre la opinión pública como accidente. Incluso no faltará el que exprese que esa mujer no debiera haber estado en el camino del camión, pobrecito chofer. Alguno también se preguntará si la abuela fue cuidadosa al cruzar con su nieto de una isla a la siguiente.


Los dardos de la culpabilidad deben apuntar a los responsables de la configuración del escenario del crimen, ya sea por poder político, técnico o normativo; entonces creo estaremos atacando de raíz el problema, pues debemos hacer temblar, visibilizar las visiones, concepciones de organización solapadamente jerarquizada del sistema vial chileno.


El peso de los vehículos no es algo que se pueda intervenir, quizás regular. Pero la física aporta otro factor relevante en esta inecuación, la velocidad, fácilmente regulable con voluntad y visión. Si se limita la velocidad máxima de circulación, se posibilita la convivencia segura, al menos así lo han entendido en otras ciudades, otros países, donde hablar de Zonas 30 ya es tema instalado y aceptado. Acá estamos más retro, estamos haciendo el mismo camino errado de pensar que la solución es segregar, llenar de ciclovías o de lamentarnos por no tenerlas mientras tanto.


Y hasta que eso pase, unos irreflexivamente seguirán centrando la criminalidad en los conductores más que en los organizadores del sistema.


Otros, continuarán lucrando al amparo de consultoras, constructoras o en cargos públicos, con la construcción de infraestructura cara e ineficiente, para el tránsito rápido motorizado, o para el tránsito liviano enjaulado (ciclovías).


Resumiendo:


No comparto el solicitar a las autoridades la aplicación de la debida condena para los choferes.


Me inclino por apoyar a las familias de las víctimas, e incluso a los mismos choferes en caso de que fueran inocentes, lo cual insisto, para mí es un tema secundario, para solicitar la aplicación de la debida condena de autoridades políticas, ingenieros, legisladores y urbanistas responsables de transformar nuestras vías en escenarios para que la muerte se haga presente.


Tema complejo, necesario de debatir, urgente de hacer sentir incluso obligar, la participación ciudadana transversal y equitativa. ¿Cuántas víctimas más lamentaremos hasta que recuperemos las calles para la gente, de las garras del transporte motorizado?


viernes, 16 de octubre de 2009

Por mi derecho a transitar en mi vehículo (bicicleta) en Valdivia (modificado 20.07.10)

Por Otto Lührs

Dedicado al Sr. que el jueves 15 me embistió con su camioneta y a los ciudadanos que sufren lo mismo.

Al circular el jueves 15 del presente mes por Picarte desde el centro hacia el Coliseo en bicicleta por la calzada de esta importante vía, fui sobrepasado por una camioneta que invadió mi espacio en la calzada pasando a muy escasos cms., colocando en serio riesgo mi integridad. Le di alcance en el semáforo en rojo siguiente, y por la ventana me dirigí a la niña sentada atrás, pidiéndole que de adulta por favor no fuera como su padre. El conductor de la camioneta me responde que yo no puedo circular en bicicleta por Picarte, pues no hay “ciclovía”. Terminó el “diálogo” cuando le dije que además de prepotente era inculto y que se estudiara la ley de tránsito.

Primero, deseo expresar mi posterior arrepentimiento por haber intentado dejarlo en ridículo frente a su familia, pues me considero defensor de la familia como núcleo social y la relación de padres e hijos siempre debe ser fortalecida, muy distinto a lo que hice en ese momento. En otras ocasiones en que he sentido violentado mi derecho a usar las vías vehiculares, he canalizado mi enojo con un tacazo al foco trasero. También me he avergonzado luego de mi acto. No sé cuál reacción es peor, pero en ocasiones la rabia de ser invisibilizado por los conductores de vehículos motorizados me supera. Pido las disculpas del caso, a la vez que apelo a la empatía de los conductores de vehículos motorizados, con quienes nos desplazamos en bicicleta por la ciudad. Tiene mucho de sentirse como presa entre depredadores, como el ternero del rodeo (¿será por eso que no aprueba este mal llamado deporte?).

Segundo, algunas aclaraciones técnicas. En el tránsito convive el no vehicular (principalmente peatones) y vehicular. A sí mismo, dentro de este último, coexisten los motorizados y los no motorizados (principalmente ciclistas). Para la convivencia armónica y supuestamente equitativa de unos y otros, según la idiosincrasia, cultura, escala de valores, modelo económico, entre otros factores, cada región, nación, ciudad o barrio, opta entre la segregación o integración de los distintos usuarios, considerando las relaciones de masa (velocidad + peso) y por lo tanto potencial de generación de daño de cada uno. Pero que nadie se confunda ni desde la confusión justifique actuares prepotentes: SOMOS TODOS TRÁNSITO.

En el caso valdiviano, la segregación del tránsito sólo se reconoce entre el no vehicular/peatonal (acera) y el vehicular (calzada). Al no haber casi de vías exclusivas para medios de transporte motorizado y no motorizado, se asume por definición que las vías valdivianas en general son integradas, es decir, el tránsito vehicular motorizado y no motorizado debe compartir la calzada. No es la intención juzgar esta realidad, opinar sobre si es favorable o desfavorable para unos y otros; sólo deseo explicitar la situación actual de la convivencia vehicular valdiviana, desde la infraestructura y legislación vigente.

El art. 2 de la ley 18290, define calzada “parte de una vía destinada al uso de vehículos y animales” y vehículo “medio con el cual, sobre el cual o por el cual toda persona u objeto puede ser transportado por una vía”. Es decir, la bicicleta es un vehículo legalmente usable por la calzada de Picarte, y por lo tanto, estoy en mi derecho al usar una pista completa de esta vía, aunque mi velocidad no supere por lo general los 20 km/hr y esto incomode a quienes deseen ir más rápido.

En otras ciudades chilenas o de otros países, es posible desglosar esta primera clasificación, y reconocer para la convivencia del tránsito vehicular motorizado y no motorizado, vías integradas, segregadas parcialmente o segregadas totalmente. Quizás a esta última alternativa se refería el Sr. de la camioneta al hablar de ciclovía.

Insisto, esto es para otras ciudades, pues en Valdivia, según la legislación vigente y la infraestructura vial existente, sólo queda hablar de vías vehiculares, no hay más. Y por lo tanto, debemos compartir las calles en base al respeto, tolerancia, a veces paciencia; o visto de otra forma, demostrando en nuestra circulación sentido común, educación o simplemente cultura.

Aprovecho la instancia para expresar una inquietud. He recibido noticias, casi rumores, de que en Valdivia si se están proyectando ciclovías, lo que me genera preguntas: ¿dónde?¿cuándo? ¿cómo? ¿se replicarán errores que sistemáticamente ocurren en este tema a lo largo del país? Y la más importante, ¿serán esta obras resultado de la expresión de la voluntad de la ciudadanía? ¿tienen la Municipalidad de Valdivia o el Gobierno Regional, en sus políticas de gestión la sistematización de la participación ciudadana?.

Otto Lührs Middleton
movilidadsinmotores@gmail.com

jueves, 8 de octubre de 2009

Ivan lllich, citas selectas

Comparto transcripciones extraidas del libro Obras Reunidas de Iván Illich, de sus libros "Convivencialidad", "Alternativas" y "Energía y equidad". Según entiendo, "Convivencialidad" y "Energía y equidad", son obras que surgieron cuando el reescribió lo que originalmente había publicado bajo el título de "Máquinas para la convivencia".

Que lo disfruten,

Illich, I. (2006) Obras reunidas: La convivencialidad. México: FCE

373
Hay umbrales que no deben rebasarse. Debemos reconocer que la esclavitud humana no la abolió la máquina, sino que solamente obtuvo un rostro nuevo, pues al trasponer un umbral, la herramienta se convierte de servidor en déspota.

374
Llamo sociedad convivencial a aquella en que la herramienta moderna está a servicio de la de la persona integrada a la colectividad y no al servicio de un cuerpo de especialistas. Convivencial es la sociedad en la que el hombre controla la herramienta.
Al hombre que encuentra su alegría y su equilibrio en el empleo de la herramienta convivencial, le llamo austero.

381
Se ha necesitado el transcurso de un siglo para pasar de la liberación lograda a través de los vehículos motorizados, a la esclavitud impuesta por el automóvil.
Poco a poco se empezó a confundir la buena circulación con la alta velocidad.
El conjunto de la sociedad consagra a la circulación cada vez más tiempo del que supone que ésta le ha hacer ganar.

382
La escuela ya no es un buen instrumento de educación, ni el automóvil un buen instrumento de transporte.

384
La persona, la célula de base, conjugando en forma óptima la eficacia y la autonomía, es la única escala que debe determinar la necesidad humana dentro de la cual la producción social es realizable.

Cada uno de nosotros se define por la relación con los otros y con el ambiente, así como por la sólida estructura de las herramientas que utiliza.

La convivencialidad es la libertad individual, realizada dentro del proceso de producción, en el seno de una sociedad equipada con herramientas eficaces.

La alternativa
385
Se debe saludar a la crisis declarada de las instituciones dominantes como el amanecer de una liberación revolucionaria que nos emancipará de aquellas instancias que mutilan la libertad elemental del ser humano, con el sólo fin de atosigar cada vez a más usuarios. Esta crisis planetaria de las instituciones nos puede hacer llegar a un nuevo estado de conciencia, que afecte a la naturaleza de la herramienta y a la acción a seguir.

Amenaza de un Apocalipsis tecnocrático, yo opongo la visión de una sociedad convivencial. La sociedad convivencial descansará sobre sus contratos sociales que garanticen a cada uno el mayor y más libre acceso a las herramientas de la comunidad, con la condición de no lesionar una igual libertad de acceso al otro.

387
En la era de la tecnología científica, solamente una estructura convivencial de la herramienta puede conjugar la supervivencia y la equidad.

389
El mundo actual está dividido en dos: aquellos a quienes los automóviles sacan de la carretera y aquellos que conducen esos vehículos.

396
Todo objeto tomado como un medio para un fin se convierte en herramienta.
La herramienta es inherente a la relación social. En tanto actúo como hombre, me sirvo de herramientas. Según la domine o ella me domine, la herramienta o me liga o me desliga del cuerpo social. En tanto domine la herramienta, yo doy al mundo mi sentido; cuando la herramienta me domina, su estructura me conforma e informa la representación que tengo de mi mismo. La herramienta convivencial es la que me deja la mayor latitud y el mayor poder para modificar el mundo en la medida de mi intención. La herramienta industrial me niega ese poder; más aún, por su medio es otro quien determina mi demanda, reduce mi margen de control y rige mi propio sentido. La mayoría de las herramientas que hoy me rodean no podrían utilizarse de manera convivencial.

La herramienta es a la vez medio de control y elemento transformador de energía. Como se sabe, el hombre dispone de dos tipos de energía, la que genera de sí mismo (o energía metabólica) y la que extrae del exterior. El hombre maneja la primera y manipula la segunda. Es por eso que haré una distinción entre la herramienta manejable y la herramienta manipulable.
La herramienta manejable adapta la energía metabólica a una tarea específica. Es multivalente, como el sílex original el martillo o el cortaplumas. Es univalente y altamente elaborada, como el torno del alfarero, el telar, la máquina de coser de pedal o la fresa del dentista. La herramienta manejable puede alcanzar la complejidad de una organización de transportes que saca de la energía humana el máximo de movilidad, como ocurre en un sistemas de bicicletas o de triciclos, al que correspondería un red de pistas tal vez cubiertas y con estaciones de mantenimiento. La herramienta manejable es conductora de energía metabólica; la mano, el pie, la dominan; la energía que ella pide puede producirla cualquiera que coma y respire.

397
La herramienta manipulable es movida, por lo menos en parte, por energía exterior: Puede servir para multiplicar la energía humana: los bueyes tiran del arado, pero para guiarlos se necesita del labrador. Asimismo un montacargas o una sierra eléctrica conjungan la energía metabólica con la energía exógena. Sin embargo, la herramienta manipulable puede exceder la escala humana. La energía que proporciona el piloto de un avión supersónico ya no es parte significativa de la energía consumida en el vuelo. El piloto es un simple operador cuya acción se rige por los datos de una computadora. Y aún hay alguien más en la cabina de mando, porque la computadora es imperfecta o porque el sindicato de pilotos es poderoso y organizado.
La herramienta es convivencial en la medida de que cada uno puede utilizarla sin dificultad, tan frecuentemente como el lo desee y para los fines que él mismo determine. El uso que cada quien haga de ella no invade la libertad del otro para hacer lo mismo. Nadie necesita de un diploma para tener el derecho de usarla a voluntad; se la puede tomar o no. Entre el hombre y el mundo ella es una conductora de sentido, una traductora de intencionalidad.
Ciertas instituciones son, estructuralmente, herramientas convivenciales y ello independientemente de su nivel tecnológico.
La herramienta manejable llama al uso convivencial.

399
No es cuestión de proscribir una herramienta por el solo hecho de que, de acuerdo con nuestros criterios de clasificación, pueda calificarse de anticonvivencial. Estos criterios son guías para la acción. …
Una sociedad convivencial no suprime los transportes interurbanos a gran velocidad, a menos que su existencia impida garantizar al conjunto de la población la posibilidad de circular a la velocidad y al ritmo que quiera.

401
En las civilizaciones antiguas, los recursos energéticos estaban repartidos equitativamente. Cada ser humano, por su constitución biológica, disponía de por vida de toda la energía potencial necesaria para transformar conscientemente el contorno físico según su voluntad, puesto que la fuente era su propio cuerpo bajo la condición de que se le mantuviera en buena salud.

402
Ciertamente, el metabolismo humano no bastaba para procurar toda la energía deseable, pero en la mayoría de las culturas se mantenía incluso como su fuente principal: el hombre sabía poner a su servicio ciertas fuerzas naturales.

403
La energía estaba limitada, era función del nivel de la población, se abastecía del vigor del cuerpo

422
El restablecimiento de un equilibrio ecológico depende de la capacidad del cuerpo social para reaccionar contra la progresiva materialización de los valores.

Por monopolio radical entiendo yo un tipo de dominación por un producto, más allá de lo que así se denomina habitualmente.
Es así como los transportes pueden ejercer el monopolio de la circulación: Los automóviles pueden moldear una ciudad a su imagen, eliminando prácticamente el desplazamiento a pie o en bicicleta, como sucede en Los Ángeles.
Cuando el automóvil hace puramente nominal el derecho a caminar –no se trata ya de que haya en circulación más Chevrolets que Peugeots-, se da el monopolio radical. Que la gente se vea obligada a hacerse transportar y se vuelva impotente para circular sin motor, eso es monopolio radical.

427
La gente elegirá la bicicleta cuando haya calculado bien el precio que paga por vehículos rápidos.

449-450
En la hora actual, la investigación científica se orienta masivamente hacia esta reducción del hombre, a través de la persecución de dos objetivos: por una parte, garantizar el avance tecnológico que permita producir mejores productos; por otra parte, aplicar el análisis de sistemas a la manipulación de la supervivencia de la especie humana, a fin de preservar su mejor consumo. Para permitir al hombre realizarse, la investigación futura debe ir en un sentido radicalmente opuesto, debe llegar a la raíz del mal. Le daremos el nombre de investigación radical. La investigación radical persigue también dos objetivos: por una parte presentar criterios que permitan determinar cuando una herramienta alcanza un umbral de nocividad; por otra, inventar herramientas que optimicen el equilibrio de la vida y así maximicen la libertad de cada uno. El primer objetivo la formulación de las cinco clases de umbrales identificadas anteriormente. El segundo, enfoca las limitaciones de las técnicas del bienestar.
La investigación radical no es ni una nueva disciplina científica ni una empresa interdisciplinaria. Es el análisis dimensional de la relación del hombre y su herramienta.

451
El predominio del transporte por sobre la circulación de la gente, puede servir para ilustrar la diferencia entre lo que es la frontera del equilibrio y lo que es un límite elegido para hacer florecer la igualdad en el goce de la libertad.
Defenderse contra el monopolio radical puede significar la prohibición de los automóviles. En ausencia de estas medidas, el transporte amenaza a la sociedad. El equilibrio entre los fines y medios que he subrayado aquí, nos presenta un nuevo criterio de selección de la herramienta. La consideración de este nuevo equilibrio, tal vez nos 452 conduzca hasta proscribir todos los transportes públicos de velocidad superior a la de la bicicleta.

Hay disfunción en la circulación desde que esta admite, en un punto dado del sistema, una velocidad superior a la de la bicicleta. Es por esto que la velocidad de la bicicleta puede servir de criterio en la determinación del umbral crítico.

490
Se han modificado radicalmente los medios socialmente deseables para satisfacer las necesidades. El motor atrofió al músculo, la instrucción escolar mortificó la curiosidad.

491
La libertad para moverse se degradó en el esfuerzo hecho para producir, distribuir y consumir el derecho al transporte.

516
Empleo el término de “monopolio radical” para designar otra realidad: la sustitución de las actividades útiles a las que se libra, o desearía librarse, la gente, por un producto industrial o de servicio profesional.
Paradójica, específica, la contraproductividad se instala. Emplearé este término cada vez que la impotencia que resulta de la sustitución de un valor de uso por su producto prive precisamente a ese producto de su valor.

517
El hombre-consumidor-pasivo termina por perder la capacidad de hacer la diferencia entre vivir y sobrevivir


Illich, I. (2006) Obras reunidas: Alternativas. México: FCE

157
No es la falta de combustibles utilizables sino la propensión maniática al abuso de energía la verdadera razón de la presente crisis.

159
Los medios de transporte que se exceden críticamente en el uso de la energía que imponen, a la estructuración social del espacio y del tiempo, la jerarquización de los privilegios.

159-160
El transporte de personas es el resultado de dos procesos diferentes. Uno se basa en el impulso muscular de la fuerza humana, e implica, por lo tanto, un trabajo intensivo; tiene valor de uso pero, en la mayoría de los casos, ningún valor de cambio, y es, por naturaleza, autosuficiente. Con sandalias casi todas las personas tiene a su alrededor un horizonte de movilidad de 15 km; en bicicleta se triplica el radio, y es 10 veces mayos la superficie de esta nueva circunferencia. El segundo proceso se basa en la propulsión motorizada; requiere un uso intensivo de capital, presupone una industria, tiene carácter de mercancía y, si no se controla, crea necesidades más rápido de lo que puede satisfacerlas.
Nadie puede economizar su tiempo en un vehículo motorizado sin forzar a otras personas a sacrificar el suyo. La persona altamente “acelerada” se roba tiempo de vida de los “menos acelerados”, y lo hace con el pretexto de una productividad mayor. Esta “transferencia de tiempo de vida” causa problemas éticos mucho mayores que aquellos que produce la elección de pacientes para un transplante de corazón o para el uso de un riñón artificial.
Coche y bicicleta pueden servir como símbolos de dos alternativas de la técnica moderna. El coche, y la ciudad planificada en torno a él, obligan al individuo a ser esclavo de una industria que se desborda de energía. En un espacio creado para la bicicleta, y al mismo tiempo adecuado a su velocidad, los productos industriales se repartirían a todos por igual.
Los vehículos rápidos no sólo causan la impotencia y el gasto de la vida, también aumentan, y al mismo tiempo ocultan, la injusta distribución de las ventajas. Las distancias se alargan para todos, pero la solución pertenece a unos pocos. Gran parte del tiempo que se desperdicia en transporte se le quita a aquellos que, día a día, son condenados a viajar lentamente en ciudades cada vez más extensas.

161
La bicicleta permitió una nueva utilización de la fuerza humana. En terreno plano, un hombre puede movilizarse cuatro veces más rápido, gastando por kilómetro la quinta parte de las calorías, siempre que lo haga en bicicleta en lugar de a pie. El costo y el mantenimiento de este tipo de máquina requiere poca inversión de tiempo, y su volumen y desplazamiento no necesitan de gran espacio. Los chinos pueden comprarse una bicicleta que les dure toda la vida, y sólo con su escueto salario y una pequeña fracción del as horas de trabajo que necesitaría un europeo para adquirir un coche que, por lo común, pasa de moda apenas comprado. Cuarenta mil personas que cruzan un puente en una hora, necesitarán dos vías si utilizan trenes, cuatro pistas si viajan en autobús, 12, si lo hacen en automóvil, y menos de dos si lo hacen en bicicleta.
En nuestra sociedad –con velocidades cada vez mayores y, por lo tanto, con un uso creciente de la energía per cápita- el vehículo motorizado ha relegado a segundo plano al vehículo impulsado por la propia energía del ser humano.

162
El resultado de las altas velocidades vehiculares es que la mayoría de las personas ha perdido gran parte de la libertad, la igualdad y la eficacia de movimientos, para “ganar”, en cambio, en rigidez de horarios, restricción de tiempo y en menor rendimiento por hora recorrida. Esto quiere decir que a un gran sector mayoritario, y porque el medio ya fue distorsionado a favor de los vehículos veloces, se le roba la posibilidad de trasladarse por sus propios medios.


Illich, I. (2006) Obras reunidas: Energía y Equidad. México: FCE

330
Creer en la posibilidad de altos niveles de energía limpia como solución a todos los males, representa un error de juicio político. Es imaginar que la equidad en la participación del poder y el consumo de energía pueden crecer juntos.
Mi tesis sostiene que no es posible alcanzar un estado social basado en la noción de equidad y simultáneamente aumentar la energía mecánica disponible, a no ser bajo la condición de que el consumo de energía por cabeza se mantenga dentro de límites.

333-334
El hombre es el ser consciente de su espacio vital y de su limitación temporal. Integra a los dos por medio de su acción, de la aplicación de su energía a circunstancias concretas en las cuales se encuentra. Para tal fin utiliza instrumentos de varios tipos, algunos de ellos dan mayor efecto a las energías metabólicas de las que dispone, y otros le permiten hallar fuentes energéticas que son exteriores a su propio cuerpo.
La energía, transformada en trabajo físico, le permite integrar su espacio y su tiempo. Privado de energía suficiente se ve condenado a se un simple espectador inmóvil en un espacio que lo oprime. Al usar sus manos y pies transforma el espacio, simple territorio para el animal, en casa y patria. Al aumentar la eficiencia en la aplicación de su propia energía, lo embellece. Al aprender a usar nuevas fuentes de energía, lo expande y o pone en peligro. Más allá de cierto punto, el uso de energía motorizada inevitablemente empieza a oprimirlo.

335
El la circulación distinguiré dos medios de locomoción: el tránsito de las personas que usan su propia fuerza para trasladarse de un punto a otro y el transporte motorizado

337
Quien va a pie al trabajo llega a crearse un ambiente a lo largo de su ruta; quien recorre el camino en vehículo está privado de una multiplicidad de opciones: paradas, accesos, contactos.

338
Por su impacto geográfico, la industria del transporte moldea una nueva especie de hombres: los usuarios. El usuario vive en un mundo ajeno al de las personas dotadas de la autonomía de sus miembros.
339
El usuario se exaspera por la desigualdad creciente, la penuria de tiempo y su propia impotencia, pero insensatamente pone su única esperanza en más de la misma cosa: más circulación por medio de más transporte.
El usuario no puede captar la demencia inherente al sistema de circulación que se basa principalmente en el transporte. Su percepción de la relación del espacio con el tiempo ha sido objeto de una distorsión industrial. Ha perdido el poder de concebirse como otra cosa que no sea un usuario. Intoxicado por el transporte, ha perdido consciencia de los poderes físicos, sociales y psíquicos de que dispone el hombre, gracias a sus pies. Olvida que el territorio lo crea el hombre con su cuerpo, y toma por territorio lo que 340 no es más que un paisaje visto a través de una ventanilla por un hombre amarrado a su butaca. Ya no sabe marcar el ámbito de sus dominios con la huella de sus pasos, ni encontrarse con los vecinos, caminando en la plaza. Ya no encuentra al otro sin chocar, no llega sin que un motor lo arrastre. Su órbita puntual y diaria lo enajena de todo territorio libre.

345
En la actualidad, la gente se ve obligada a trabajar buena parte del día para pagar los desplazamientos necesarios para dirigirse al trabajo.
El tiempo carcomido por la circulación; el hombre privado de su movilidad y sometido a depender de las ruedas; la arquitectura al servicio del vehículo; todo esto es consecuencia de la reorganización del mundo sujeta a la aceleración prepotente.

346
Para poder entender la disfunción que analizamos hay que distinguir entre la circulación, el tránsito y el transporte. Por circulación designo todo desplazamiento de personas. Llamo tránsito a los movimientos que se hacen con energía muscular del hombre y transporte a aquellos que recurren a motores mecánicos para trasladar hombres y bultos.
Dentro de esta perspectiva, se diferencian dos formas de producción de la circulación. El transporte, que es la forma basada en la utilización intensiva del capital; el tránsito, la forma basada en el trabajo intensivo del cuerpo humano. El transporte es prevalentemente un producto de la industria, el tránsito no lo es, no puede serlo. Quien transita en el acto es eminentemente su propio dueño, quien usa transporte es pasajero o usuario, inevitablemente cliente de una industria.

347
La velocidad, al volverse obligatoria, arruina el tránsito a favor del transporte motorizado
La industria tiene el monopolio de la circulación cuando la vida cotidiana llega a depender del desplazamiento motorizado.
La reorganización del espacio a favor del motor vacía de poder y de sentido la capacidad innata de moverse.

349
No se pueden identificar las condiciones para una circulación óptima sin decidir de antemano que la circulación en cuestión debe ser la locomoción de las personas y no de los vehículos.
Asentada la premisa de que el hombre nace con alta movilidad, característica de su ser y tradicionalmente satisfactoria, se impone el problema de cómo salvaguardar esta movilidad natural, a pesar de las medidas que se tomen para “mejorarla”

353
El hombre se mueve con eficacia sin ayuda de ningún implemento. Caminando hace su sendero. La locomoción de cada gramo de su propio cuerpo o de su carga, sobre cada kilómetro recorrido en 10 minutos, le consume 0.75 calorías.
Con este índice de eficiencia de menos de una caloría por gramo, históricamente organizó su sistema de circulación, prevalentemente basado en el tránsito. Exploró le mundo, creo culturas, sostuvo comercios y, por cuanto podemos saber, no gastó más del 3,5% del tiempo social en moverse fuera de su hogar o de su campamento.
Hace un siglo el hombre inventó una máquina que lo dotó de una eficiencia aún mayor: la bicicleta. El uso de la bicicleta hace posible que el movimiento del cuerpo humano franquee una última barrera. Le permite aprovechar la energía metabólica disponible y acelerar la locomoción a su límite teórico. En terreno plano, el ciclista es tres o cuatro veces más veloz que el peatón, gastando en total cinco veces menos calorías por kilómetro que Éste. El transporte de un gramo de su cuerpo sobre esta distancia no le consume más que 0.15 caloría. Con la bicicleta, el hombre rebasa el rendimiento posible de cualquier máquina y de cualquier animal evolucionado.

354
La bicicleta es invento de la misma generación que creó el vehículo de motor, pero las dos invenciones son símbolos de adelanto hechos en direcciones opuestas por el hombre moderno. La bicicleta permite a cada uno controlar el empleo de su propia energía; el vehículo de motor inevitablemente hace de los usuarios rivales entre sí por la energía, el espacio y el tiempo.

355
Los hombres nacieron dotados de movilidad más o menos igual. Esta capacidad innata de movimiento aboga en favor de una libertad igual en la elección de su destino. La noción de equidad puede servir de base para defender este derecho fundamental contra toda limitación. Dentro de esta perspectiva, poco importa cuál sea la amenaza al libre ejercicio del derecho de moverse y elegir su propio destino: la prisión, la prohibición de cruzar fronteras, la reclusión dentro de un ambiente urbano que impida la movilidad innata de la persona con la sola finalidad de transformarlo en usuario. El hecho de que nuestros contemporáneos, en su mayoría, estén atados a su butaca por su cinturón de seguridad ideológica, no basta para que el derecho fundamental a la libertad de movimientos se vuelva obsoleto. La movilidad humana es el único patrón válido para medir la contribución que cualquier sistema de transporte haga a la circulación. Si por el transporte el tránsito se ve restringido, el transporte hace declinar la circulación.
Para distinguir el transporte que mutila el derecho del movimiento de aquel que lo ensancha, hay que reconocer que el vehículo puede entorpecer la circulación triplemente: rompiendo su flujo, aislando categorías jerarquizadas de destinación y aumentando la pérdida de tiempo vinculada con la circulación. Se ha visto que la clave de la circulación.

356
La coexistencia de vehículos movidos sólo a fuerza de energía metabólica humana y de otros auxiliados por motores, será ponderada únicamente si se concede preferencia absoluta a la autonomía de movimiento del hombre y si se protege la geografía humana contra aquellas velocidades que la distorsionan en geografía vehicular.

357
Está el sitio del mundo de la eficacia posindustrial, en donde la modalidad industrial de producción complementa la producción social sin monopolizarla. En otras palabras, hay un sitio para un mundo de madurez tecnológica. En términos de circulación, éste es el mundo de aquellos que han ensanchado su horizonte cotidiano a 13 kilómetros, montados en su bicicleta. Al mismo tiempo, es el mundo marcado por una variedad de motores subsidiarios disponibles para cuando la bicicleta no basta y cuando un aumento en el empuje no obstaculice ni la equidad ni la libertad. También es el mundo del viaje largo, un mundo donde cualquier lugar está abierto a cualquier persona, a su albedrío y velocidad, sin prisa o temor, por medio de vehículos que cruzan las distancias sin roturar la tierra sobre la que el hombre ha caminado con sus pies por cientos de miles de años.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Análisis de legislación chilena vigente y propuesta sobre ciclismo vehicular

Por Otto Lührs

Hace como un mes, un grave accidente en la Panamericana (5 Sur), a la altura de Collipulli, IX región, generó muerte, dolor y en lo personal, 7 hrs. de espera en el bus cuando volvía de Viña a Valdivia, hasta que se reestableció el tránsito.

Quizás sea paradógico, escribir de legislación sobre ciclismos vehicular en una detención ocasionada por accidentes entre vehículos motorizados, pero en esas horas nació el docu que comparto, a través de este link http://tinyurl.com/mnl5jj , en el cuál mi amigo Javier lo colocó.

Lo escribí para mí, para ordenar algunas ideas, pero si a algun@ más por ahí le sirve, o le genera algún comentario, ojalá podamos dialogar.

saludos,

Otto Lührs

viernes, 5 de junio de 2009

Por Malú y sus amigas


miércoles, 18 de marzo de 2009

La nueva droga: Bicidependencia

Encontré esta carta en un ejemplar de la revista de CON BICI (Coordinadora de defensa de la Bici, Península Ibérica), nº29, invierno 1999.

Oscar, lector “Sin Prisas”

La nueva droga: Bicidependencia

Esta carta es una advertencia ante una droga que se puede introducir en su vida y atacar su confort. A continuación conocerán mi drama, tomen nota si no quieren acabar como yo.
Todo comenzó hace unos meses, cuando tuve que dejar el coche en el taller para una semana. Ante una situación tan dolorosa, no me quedó más que una opción fatídica: rescatar la bici del trastero para ir a la universidad. El lunes todo fue bien; casi me atropellan y llegué entre helado y sudado a clase. Estaba claro que lo de la bici iba a ser temporal. El martes me puse bufanda y chubasquero para parar el viento, con lo cual comenzó el verdadero peligro: marché sin frío en ese demonio sin motor. Para el viernes ya andaba seguro, apenas sudaba y me sentía más en forma. Y encima aquel billete de 2000 de la gasolina semanal. Todo resultó demasiado tentador. La desgracia ya se había fraguado: sin quererlo me había convertido en uno de “ellos”. Sí, me había enganchado a la bici para moverme por la ciudad. Una verdadera adicción.
Y mírenme ahora. Soy un insolidario y compungido ciclista urbano, un elemento perturbador de la paz social de nuestro tráfico. Sufro cada mañana cuando soy incapaz de coger el coche, veo como se estanca el cuenta-kilómetros y no puedo contribuir con mi granito de humo en las calles. Es realmente doloroso.
Pero me voy a rebelar. Voy a crear la fundación contra la bicidependencia. Es una enfermedad más extendida de lo que ustedes creen, para la cual no existe vacuna. Sólo podemos defendernos con nuestra cómoda vagancia. En países tan dispares como China y Holanda, le problema toma tintes de epidemia. Incluso algunos defienden esta droga afirmando que es lo mejor para ellos y para su ciudad. Síntomas de delirio de la bicidependencia total. Incluso aquí, en nuestra querida y traficosa Pamplona, estos biciadictos se han agrupado en una secta llamada CCCP (Ciudadanos Ciclistas de la Comarca de Pamplona). ¡De un nombre así que se puede esperar! Su objetivo, tan claro como destructor: promover su droga entre los ciudadanos. Por favor, no prueben la bici para moverse por su ciudad, porque ese mecanismo cruel no distingue sexo ni edad. Les hará sentirse mejor, no tendrán que aparcar, ahorrarán dinero, pero recuerden que son síntomas de euforia de una droga muy peligrosa.
Porque en estos temas la verdad nunca es lo que parece, sino lo que la publicidad nos dicta. No podemos dar un paso atrás en nuestra evolución consumista. No vaya a ser que dejemos sin su tráfico a una ciudad y unos habitantes que lo necesitan.Por favor, no prueben la bici. O acabarán enganchándose.